
Hace casi 10 años que compramos nuestros primeros Rottweilers (Zora y Dingo), ella dominante, obediente y muy fiel, y él cariñoso, apegado y obediente a “Ella”, ja ja; a los 2 los adiestré y es recomendable (por su temperamento) que haya un lugar de la casa, generalmente la habitación de sus dueños, a la que ellos no puedan acceder, es por una cuestión de jerarquías.
En el 2004 Dingo se enferma de un cáncer terminal que tiene un pronto desenlace, el 17 de enero de 2005 cuando le voy a dar su comida de la noche se niega a comer y ni siquiera se laventa, eran sus últimas horas; mi Sra. Laura se había ido unos días y estabamos solos en la casa con Dingo y Zora, en la mañana del 18 la separo a Zora de Dingo que estaba muriendo porque era evidente que estaba sufriendo a la par de él, al mediodía Dingo fallece, y le doy sepultura en su lugar preferido del patio, luego de llorar un montón y después de haberme desahogado suelto a Zora de donde estaba encerrada y automaticamente sin siquiera olfatear nada fue hacia el lugar donde estaba enterrado Dingo y estubo llorando de manera casi imperceptible pero que realmente te partía el alma hasta la noche, momento en que a base de retos la pude entrar a la casa, donde desde la puerta que da al patio siguió llorando, yo realmente también estaba destruido, pero ella mantenía distancia.
Lo increible fue cuando me fui a acostar: al abrir la puerta de la habitación sin darme tiempo ni lugar a nada pasó por delante mío y saltó sobre un sillón que estaba al lado de la cama, se encogió sobre sí misma y se pusó a dormir, había entrado a la habitación que por 5 años le había sido prohibida, los dos sabíamos que nos teníamos que acompañar. Que más les puedo decir, esa es Zora, dotada de lealtad, obediencia, dulzura, paciencia, y un gran, pero un gran corazón. Ah! hoy nos esta ayudando con la crianza de un nuevo cachorro, que bastantes dolores de cabeza le da.